Healthy Habs, No Diets

Cuando el peso y tu panza se vuelven más importantes que tu bebé

March 6, 2019

Fotografías tomadas y editadas por Giselle Cantú

 

Les platicaré la historia de una paciente, ella me permitió platicar su historia, pero para mantener su confidencialidad, le llamaremos a esta paciente ‘Ana’.

 

Ana está embarazada y cada vez que va a su revisión ginecológica, siempre la pesan y le miden la presión. Cuando a ella la pesan siente un poco de desinterés con el resultado de la báscula, y simplemente se enfoca en que su presión arterial salga bien. En otras palabras, a ella le preocupa más su presión arterial que su peso.

 

Un día Ana me platicó muy angustiada y enojada que el doctor le había dicho que tenía que hacer ejercicio y evitar las frutas dulces porque había subido repentinamente de peso. Me comentó que eso no le pareció correcto de parte del doctor.

 

“El doctor estuvo menos de 10 minutos conmigo, no me dijo absolutamente nada sobre mi bebé, y esos 10 minutos se enfocaron simplemente en que tenía que bajar de peso, porque en esta última consulta subí repentinamente de peso, y que algo debo de estar haciendo mal. Es por eso que me dijo que tengo que empezar a moverme y dejar de comer frutas dulces”.

 

“No le importó que los meses anteriores me llegué a sentir muy mal, débil y sin energías y que casi no comía por las náuseas y mareos. Ahora ya por fin puedo comer variedad en mi alimentación, y regresar a comer los alimentos que consumía antes del embarazo. Esto para mí es cómo un gran logro”.

 

“No le importó saber que ya por fin empecé a moverme un poco más, como lo hacía antes del embarazo, tal vez no es el ejercicio que es recomendado para todos, pero para mí fue como ver la luz al final del túnel, por fin estaba haciendo que mi cuerpo hiciera algo de movimiento, después de muchos intentos fallidos y de muchos (casi) desmayos por intentar hacer un esfuerzo físico extra. Para mi regresar a poder terminar una rutina de 10 a 20 minutos fue como para un corredor, terminar un maratón. Fue simplemente mágico el hacer que dos cuerpos se movieran al mismo tiempo. Así es, sentía pataditas durante mi actividad física. No le importó saber que el músculo recién ejercitado se traduce cómo una subida de peso en la báscula”.

 

“No le importo saber qué es lo que comía todos los días. Ni siquiera me preguntó qué es lo que como en un solo día. No le importo saber si como pan o frutas o queso o carne o lo que sea, y no es porque quiera que él revise mi alimentación, es para que vea que yo escucho a mi cuerpo y le he dado a mi bebé lo que yo creo que es correcto. Le he dado a mi bebé una gran VARIEDAD de alimentos nutritivos”.

 

“No le importó saber si ya sentía pataditas o si mis síntomas habían mejorado, solamente le importó el peso”.

 

“¿Por qué el doctor supone que no hago ejercicio y que, como puras frutas dulces, simplemente por una subida repentina de peso? ¿Por qué solamente relaciona el peso con algo que hago de manera voluntaria (comer y moverme) y no con algo involuntario, como el crecimiento del busto de manera repentina, o el crecimiento de la placenta, órganos o el crecimiento del mismo bebé?”

 

“¿Por qué atribuye tanta culpa a las frutas dulces? Cómo si estas fueran malas”.

 

“Giselle, ¿por qué para todo nos echan la culpa? Estoy cansada que juzguen el cuerpo de cualquier mujer, embarazada o no, con la comida y el movimiento, cómo si eso fueran los únicos factores en el mundo. ¿Por qué el mundo no me deja estar tranquila, disfrutando de mi embarazo?”

 

“Giselle, ese día sentí mucha ansiedad. Simplemente lloré, porque creo que soy la única que está en contra de la corriente, que no le importa saber el número de la báscula en un momento tan importante, y que simplemente sigo mis instintos maternos ¿estaré haciendo lo correcto?”

 

¿Qué contestarían ante todo esto?

 

 

Ana nunca ha seguido una dieta para bajar de peso, y en el embarazo ella optó por “escuchar a su cuerpo” y no seguir ningún plan alimenticio basado en calorías. Ella me platicaba que escuchar a su cuerpo, era tal cual “escucharlo”. Es decir, si le daba hambre a pesar de haber comido hace 1 o 2 horas, lo hacía, pero aprendió a ponerle “filtros” a sus gustos. Es decir, “tengo hambre, pero antojo de algo fresco como una fruta, pero si quiero algo fresco y consistente, entonces un licuado” o “tengo hambre y tengo antojo de algo que tenga que ver con pan y chocolate” o “tengo hambre, y mucha, quiero algo más pesado como comer carne o jamón otra vez, algo que me llene”.

 

Ella me platicaba que en el embarazo ella aprendió mucho a escuchar a su cuerpo y a aprender a filtrar sus gustos. Y que le ha gustado tanto, honrar y respetar a su cuerpo, porque ella piensa más en lo que su bebito quiere, que en enfocar su atención al crecimiento de cuerpo.

 

Esa preocupación del peso, quieran o no, inconscientemente se va transmitiendo de mujer a mujer, de doctor a mujer, y/o de pareja a mujer, principalmente en esta generación de mujeres jóvenes Millennials, en el cuál el físico es muy importante, y en el cual todos los medios le atribuyen al peso, como la causante de todas las enfermedades habidas y por haber.

 

Y ahora añádele que el Facebook e Instagram, gracias a su “inteligencia virtual” te bombardea en sus páginas con información de mujeres embarazadas con cuadritos en su abdomen, diciéndote que tú puedes estar como ella, disfrazándotela con frases bonitas de “motivación”.

 

Esto para mi opinión, en lugar de ayudar a las mujeres embarazadas, ocasiona todo lo contrario, una angustia muy fuerte por querer imitar cuerpos que muchas veces no son reales, y si fueran reales, estos ocasionan que se desvirtúe el verdadero significado de una mujer embarazada feliz, enfocada al peso y meramente a su físico.

 

Confieso que todas las pláticas que he tenido basadas en el físico de mi embarazo en lugar de ayudarme (como se piensa en la mayoría de las veces), lo único que ocasionan es provocar angustia por mi cuerpo “¿Qué estás haciendo para no engordar?” “Quiero ver cómo está tu panza”, “¿Ya pudiste hacer ejercicio?”.

 

Y si mejor me preguntaran lo siguiente: ¿Y cómo está la salud de tu bebé? ¿Su corazoncito está latiendo correctamente? ¿Ya pudiste ver su columna vertebral? ¿En qué posición está acomodado? ¿Se movía durante el eco? Claro, estas pláticas sobre el bebé se tienen (a veces), pero se preguntan después de las preguntas relacionadas al físico.

 

Regresando a la historia de Ana, ¿Ustedes creen que ella está en lo correcto? ¿En seguir su instinto materno? ¿En dar una variedad de alimentos a su bebé y a ella misma? ¿En hacer ejercicio cuando su cuerpo se lo permita y ella lo esté disfrutando? ¿En no querer saber su peso para evitar angustias sobre su físico? ¿En simplemente ir en contra de la corriente?

 

Les confieso algo… yo soy esa Ana, y el doctor no es nadie en específico. El doctor es la representación de cómo la gran mayoría de los profesionistas de la salud estamos ciegos ante las cosas más importantes de la vida de cada persona.

 

 

 

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Soy Giselle, nutrióloga mexicana, viviendo en Texas. Floja para la cocina y práctica para el ejercicio, por eso hago ejercicio en mi casa gracias a YouTube.

 

En este blog encontrarás recetas rápidas y prácticas, utilizando ingredientes básicos. También productos que recomiendo de H-E-B.

Y por último, encontrarás artículos y opiniones con enfoque no-dieta y no-peso para que nunca más vuelvas a seguir una dieta ni a darle importancia a la báscula.

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